Cuando El Adiós Nos Devuelve
XII
Fue muy fácil de entender
que tu refugio fuera mi pecho,
y no era mi cuerpo el que temblaba,
era mi alma que oscilaba sentimientos
con pasión entre tus brazos.
Y vi un invisible en acción,
y tú manejando su rumbo.
Plasmando durante el camino
mantos floridos,
mágicos recorridos,
brillante luz y su reflejo,
ondas crecientes emergidas
entre romances de colores,
erguidas en mil luminarias,
jalonado ascenso de flores.

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