Cuando El Adiós Nos Devuelve
XVII
Esta tempestad inesperada, cruda,
esta rota montaña rusa que asusta,
esta vorágine en medio de un fiero
mar enloquecido, masa sin defensa.
Este descenso hasta el loco abismo,
y esta ascendente emergida ansiosa
buscando el viento, colgado manto,
en el sol suspendido, por sus rayos.
Un soplo de fuerza en desequilibrio.
Y son las estrellas que se equivocan,
estando ya dentro del oscuro dilema,
se derrumban, y clamando a la luna
se diluyen en su ruina, triste camino.
Esta tempestad que no decrece, sube,
insensible ser, terquedad indiferente,
ignorante sumo, se declara insolvente
y no abandona la vorágine imparable
esperando que suene la afónica flauta.
Esa milagrosa nulidad, híbrida mezcla
de inactivos estériles en parto sin luces.
Esa onda enloquecida, donde el viento
se para, y su soplo fue una rara utopía.
Y el mar se seca y desaparece, se vacía
la fuente de la vida, surge un sumidero.

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