Archivo del blog

martes, 22 de diciembre de 2020

CUANDO EL ADIÓS NOS DEVUELVE P 38

Cuando El Adiós Nos Devuelve

 

XXXVIII

 

No evité mirar tus manos

que un día fueron almohada,

bálsamo invisible, caricia abierta,

 

roce de vientos revueltos

entre un sonido dormido.

 

Ruido de besos escapados,

disimulos de luz advenida

al alma, fulgor penetrado,

 

donde la lluvia convirtió el amor

en gota de plata al corazón unida.

 

Miré tus manos tan vacías

que aterrizaste en mi cara,

justo aquí se frenó mi vida,

 

cuando encendí mi mirada,

 

fuiste nada, no así el sueño,

que fue real, y besé tu ausencia

de una forma tan sutil que ardí

en deseos de repetir, y repito,

 

cada vez que siento tus manos.


 

No hay comentarios: