Cuando El Adiós Nos Devuelve
LI
Flotando en ese mar del trigal verde
vivía en calma cada onda de espigas
y dejaba a tu mirada mis ojos, amor.
Ansiaba, a solas, rodear tus hombros
y sentir los latidos de tu corazón bajo
mis brazos en refugio, sin separarnos.
Una flor en mi alma se volvía pétalos
y su color me enloquecía con mirarlos.
El aroma que nos llegaba de más lejos
resucitaba briznas resecas y mariposas
azules y rojizas, y eran perlas con alas
las motas de polvo plateado del camino.
Abrazos consentidos hablaban en silencio
y tu cara en mi hombro era siesta de plata,
y tus labios volaban trémulos con el viento.
Hasta pronto belleza esparcida en mis ojos,
dulce brillo de clavel al mirarnos a la boca.

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