Cuando El Adiós Nos Devuelve
LX
La mañana codiciaba mi presencia
despertando las sombras del viento,
viento que se disuelve entre el agua
estampando las ondas sobre su flor,
aparece el pez plateado, se asoma al sol,
abre la boca, se deja caer hacia el fondo
y oscuridad abajo se camufla presuroso.
Un pescador lanza desde un pasal del río
y engaña al pez con su artilugio de pesca,
que vomita por su mirada un súbito temor.
Coletazos a raudales bajo la fría oscuridad,
el sedal tronzado y en la huida despavorida
provoca tacos soeces de desánimo y rencor,
mientras el pez se burla del infeliz pescador.

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